CRONICA DE NEIL YOUNG EN PARIS
Current mood: blissful
Ya estamos de vuelta de París, con las maletas recogiditas y la mente inmersa en los avatares del trabajo y del día a día. Pero afortunadamente con muy buenos recuerdos y muchas cosas que contar. En este caso, y como prometíamos antes de irnos os contamos como fue el show del maestro Neil Young en el teatro Le Grand Rex.
El músico canadiense y todo lo que lleva detrás, "regalaron" (a cambio de entre 85 y 135 Euros) dos conciertos seguidos en la ciudad de la luz. Las noches del 14 y 15 de febrero, jueves y viernes. En lo que al concierto que nosotros presenciamos, el del viernes, lo podríamos calificar en primera persona como mágico, envolvente, estremecedor... de ensueño. Neil consiguió arrancar de nosotros la felicidad más absoluta. Al parecer, también consiguió despertar estas mismas impresiones y sensaciones la noche anterior, según nos contaron algunos amigos rusties que asistieron a ambos shows. La improvisación totalmente estudiada y medida de su espectáculo, unida al conocimiento previo del repertorio de la gira, el cual "casi" todos llevábamos empollado, no consiguieron restar ni un ápice de belleza al concierto. Temas que llevamos decenas de años escuchando, improvisaciones ficticias que todos estamos hartos de ver en los DVD´s, un músico en escena incomunicativo y absorto en su labor, prolongando algunas canciones hasta jugar con el tedio del espectador. Todo eso ocurrió en el concierto. ¿Cómo es posible entonces que un teatro se rinda a los pies de este señor? ¿Cómo es posible que consiga arrancar las lágrimas de muchos espectadores con una media de edad que probablemente rondaba la cuarentena? Tranquilos que no voy a dar una respuesta, porque no la tengo. Tampoco conviene buscarle las vueltas a alguien que te hace completamente feliz durante unas horas.
Previamente al concierto, habíamos quedado en el Rust Fest que se convocó en el Café Delaville, frente al teatro Grand Rex. Allí pudimos compartir impresiones con los playeros de "enlaplayadeneil.net" y disfrutar de las covers que se marcaron los rusties franceses. Por cierto que no lo hacían nada mal.
El teatro Grand Rex es el recinto ideal para un concierto como el de Neil Young. Nos tocó la parte delantera del Balcon Bass, donde nos acomodaron un par de señoritas, y desde donde pudimos disfrutar del concierto en buenas condiciones. A nuestro alrededor decenas de españoles venidos desde difentes puntos de la península. El teatro por dentro está decorado de tal forma que consigue un ambiente muy íntimo, proyectando en el techo una iluminación que te hace sentir bajo las estrellas. Con respecto al escenario, se nos mostró desde un incio lleno de cajas, plataformas, monitores, focos, "aparentemente" revueltos y desordenados. Tras la batería un panel con letras y números desordenados, formando una especie de jeroglífico. En la parte izquierda una tarima que a la postre sería el sitio sobre el cual Pegi y Anthony Crawford harían los coros. Y en la parte posterior de la escena, un caballete sobre el cual un pintor pintaba cuadros que posteriormente ilustrarían los temas del concierto. Los cuadros terminados iban moviéndose de un lado al otro del escenario. Reservándose el caballete de lujo frente al público para los cuadros que ilustrarán las canciones.
Poco antes de la hora prevista apareció en escena Pegi Young, quien ejerció de telonera de su marido. La banda que la acompañó: Rick Rosas, Ben Keith y Anthony Crawford, todo un lujo.
Tras finalizar Pegi su repertorio, un equipo de entre 18 y 20 técnicos preparan de una forma muy meticulosa el escenario para la parte acústica del show de Neil. Precisamente tras uno de los cuadros antes mencionados aparece en escena Neil Young. Se sienta en su silla rodeado de guitarrás acústicas y comienza a hacernos soñar: "From Hank To Hendrix" seguida de "Ambulance Blues", desgarradora. "Sad Movies", novedosa. Se levanta y se dirige al piano de cola sobre el cual reposa un teclado: "A Man Needs A Maid", con unos arreglos diferentes que no hacen sino potenciar su magia. "No One Seems To Know" y "Try", sobre el piano de cola. Dos piezas también inéditas. Vuelve a su asiento sin todavía haber dirigido la palabra al público: "Harvest" comienza diferente pero es reconocida cuando la empieza a cantar y despierta más entusiasmo, si cabe. De nuevo se levanta y se dirige con la armónica al otro piano, como quien no sabe a donde va: "After The Gold Rush" hace que la gente cierre los ojos y se transporte quien sabe adonde. "Mellow My Mind" interpretada al bango nos deja sorprendidos con un toque diferente. "Love Art Blues" da paso a "The Needle And The Damage Done", inesperada en su repertorio actual para acabar con "Heart Of Gold" haciendo las delicias de los "Harvesteros" (permitidme que me invente esa palabra). Acaba el show acústico.
Tras 20 minutos de cambio de escenario, de forma escalonada Pegi, Ben Keith, Rick Rosas, Ralph Molina, Anthony Crawford y por último Neil Young se aproximan a observar como el pintor termina su cuadro dedicado al tema Winterlong, apoyados en las tarimas, frente al expectante público. Con una mirada del jefe a sus secuaces se aproximan a la parte delantera del escenario, toman posiciones, el escenario se tiñe de azul y comienza la parte eléctrica: "Mr. Soul" abre ganando enteros con respecto su versión acústica. "Don't Cry No Tears" me maravilla. "Dirty Old Man" y "Spirit Road" como si pertenecieran a un disco de los 70. Neil aparca por un momento la "Old Black" y se enfunda otra guitarra para deleitarnos con "Bad Fog Of Loneliness" y "Winterlong". "Oh, Lonesome Me" nos relaja y "The Believer" enlaza con "No Hidden Path" en la que Neil se regodea. A los neofitos les puede el tedio mientras Neil puntea y puntea casi sin sentido mirando a un foco amarillo. Acaba, agotado casi dejando caer la Old Black en manos de su técnico de toda la vida, por el tremendo gasto de energía..
No se apagan las luces. Vuelven: "Cinnamon Girl" y una impresionante "Rockin' In The Free World" en la que lo dan todo y nos ponen en pie.
Como detalle final "The Sultan", instrumental aderezada ornametalmente por un señor vestido de Sultan, en la que Young y su voz descansan tras unas gafas de sol.
Algo que realmente merece la pena vivir, recordar y contar. Y así lo haremos.
Para más información, Os remito a la siguiente crónica que refleja exactamente lo que todos vivimos, y es mucho más completa:
Con motivo de la finalización del segundo recopilatorio de Covers bajo el título de "La Cosecha de Neil", el Rustie Castúo pone en funcionamiento su blog.
En adelante dedicaremos este espacio a compartir vivencias y experiencias en lo que a lo estrictamente musical se refiere.
Sirva el lanzamiento de "LA COSECHA DE NEIL" como inauguración.
Aquí podéis ver la portada y contraportada del CD.